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PERIODISMO SIN PATRIA

Por GINA ESPINOSA

Redactora de HORA DE CIERRE

Francisco Santos, editor de El Tiempo, salió en abril de Colombia. Su principal motivo fue el mismo de muchos periodistas que le han antecedido: salvar la vida.
"No hubo siquiera una llamada telefónica. Me dí cuenta de que estaba siendo seguido y supe que me vigilaban".


Su historia la ha repetido docenas de veces desde que llegó a Miami.
Antes de partir junto a su familia, sus informantes le confirmaron que las FARC, el grupo guerrillero más importante del país, había ordenado su muerte.

Más allá del hecho de pertenecer a una familia influyente de Colombia o de ser el conocido periodista del diario más importante, Santos se había convertido en un destacado activista contra el secuestro, una de las predilectas fuentes de financiamiento para la guerrilla.

Tras ser liberado de un prolongado cautiverio, Santos creó la Fundación País Libre, con el objeto de apoyar a los familiares de las víctimas de secuestro.

Su compromiso logró, por primera vez en Colombia, protestas multitudinarias en demanda del endurecimiento de las leyes contra ese delito.

De acuerdo a País Libre, el año pasado se registraron unos 3, 000 plagios, generando unos 200 millones de dólares de ganancia.

Santos no tuvo alternativa. Como nos dice, "la guerrilla tuvo una victoria política y en Colombia no pasó absolutamente nada".

La fuga de periodistas se ha hecho común en aquel país plagado por la violencia. Se van de un día para otro, en silencio, en el anonimato.
Las instituciones colombianas parecen resignadas ante el éxodo de los comunicadores.

Mientras tanto, el trabajo de los periodistas colombianos sigue siendo más complejo y riesgoso que en otros países. Corren muchos riesgos por la degradación del conflicto y pueden ser víctima de paramilitares, de la izquierda, o de los mismo militares.

De hecho, la periodista de la revista Semana, María Cristina Caballeros, no supo de dónde venían las últimas amenazas que recibió y que determinaron su decisión de dejar Colombia.

"Estaba acostumbrada a recibirlas todo el tiempo, hasta en tarjetas de flores y corazones, pero nunca me habían llegado a casa".
Al sumarse a la diáspora de los periodistas latinoamericanos, ella investigaba un caso de corrupción.
"Pero, aun así, nunca se sabe. Hay muchos intereses oscuros que desean mantener el caos porque sacan provecho de él", afirmó Caballeros.
Su salida, hace nueve meses, coincidió con el proyecto de escribir un libro sobre el conflicto colombiano en la Universidad de Harvard, en Boston, donde también ofrece conferencias sobre el tema.

" Los periodistas somos blanco porque seguimos hablando, cuando muchos prefieren callar por miedo a perder la vida. Tenemos la obligación de seguir dando voz a esta gente atrapada en esta guerra."
Colombia es considerado el tercer país más peligroso para el ejercicio del periodismo, según el Comité de Protección a los periodistas, después de Sierra Leona y Yugoslavia, donde la violencia ha sobrepasado al Estado.
Según cifras de la Sociedad Interamericana de Prensa, en los últimos seis meses 9 periodistas han huido de las amenazas, hacia otros países.
Francisco Santos dice que el éxodo de periodistas colombiano continuará, a pesar de las iniciativas planteadas para tratar de pacificar el país.

"No me cabe la menor duda de que el tema del plan Colombia es muy peligroso, porque el que apoye la ayuda militar de Estados Unidos puede convertirse en blanco militar. La gente ya tiene miedo de plantear el tema abiertamente", afirmó.

PERIODISTAS SIN GARANTIAS

Aunque no con la violencia que se vive Colombia, en el resto de Latinoamérica los periodistas se enfrentan a las otras caras de represión.
Ricardo Trotti, director del Insituto de prensa de la SIP, señala que el número de periodistas que salen de sus países está en aumento, a pesar de que los gobiernos democráticos han ido reemplazando a los regímenes militares.

"Estos gobiernos no parecen garantizar el desempeño del trabajo de los periodistas. El exilio periodístico no es algo nuevo, pero antes era más callado, ahora tiene nombres propios y se agrava rápidamente".
La Sociedad Interamerica de Prensa ha documentado 74 casos de periodistas exiliados en los últimos 11 años. De ellos 45 son cubanos, 9 colombianos, 6 guatemaltecos, 2 hatianos, 2 de Perú, 1 de Chile, 1 de Honduras, 1 de México y 1 de Venezuela.

La cifra, según algunos analistas, podría ser mucho mayor. Los nuevos métodos de represión contra la prensa ya no se inventan en los cuarteles militares, sino que muchas veces en parlamentos y tribunales constituidos.
La principal tendencia represiva entre los gobiernos latinoamericanos es el uso, cada vez más frecuente, de los instrumentos de la democracia en contra de la prensa.

Según la SIP, una de las medidas a la que recurren principalmente los gobiernos para inmovilizar a la prensa son los decretos que otorgan nuevos derechos a los ciudadanos sobre la información que reciben.
Ejemplo de ello son Venezuela y Ecuador, donde prácticamente le corresponde al gobierno determinar qué información es verdadera o infame.
Otras maneras de controlar a la prensa son más imaginativas. En Nicaragua, el presidente Arnoldo Alemán optó por decretar un sueldo mínimo para periodistas de 500 dólares mensuales, en un país donde el médico mejor pagado gana apenas 300.

AGARRADAS CON PAPELITOS

En Guatemala, es cierto que los periodistas ya no viven la persecusión que caracterizó a las décadas pasadas.

Sin embargo, Byron Barrera, presidente de la Asociación de Periodistas de Guatemala - que ha tenido que huir en tres oportunidades de su país - admite que el debate sobre el respeto a la libertad de expresión no ha sido superado totalmente.

" Ahora los periodistas pueden abordar muchos temas que antes estaban prohibidos, pero todavía hay tabúes, como el narcotráfico, la deforestación, el medio ambiente y, además, a sectores de la iglesia católica no les gusta que se hable de ciertos temas como el control de la natalidad", dijo Barrera.
"Estas democracias -agregó- son muy frágiles y esa misma fragilidad hace que los derechos y libertades sean muy endebles."

Muchos destacados periodistas coinciden en que las iniciativas para reprimir a la prensa no deben sorprender a nadie.

Carlos Castañeda, director de El Nuevo Herald de Miami, vivió en carne propia el exilio en 1959, después que el gobierno castrista confiscó los principales periódicos.

"Tuve que salir porque no se podía ser periodista. Hoy, nos engañamos al pensar en los gobiernos democráticos. Estás democracias están agarradas con papelitos porque para que haya una verdadera sociedad, donde impere la ley y el derecho, hace falta fortalecer los sistemas judiciales", aseguró Castañeda.

LA MARCHA HACIA MIAMI

Dos notables casos de exilio peridístico de los últimos años: Alejandra Matus, de Chile y Baruch Ivcher, de Perú, coindicen en que la imagen de democracia de sus países es consecuencia de una intensa campaña de publicidad y relaciones públicas.

"En el caso de Chile - asegura Matus - se han ocultado hechos que prueban que la Democracia aún está lejos, como la falta de libertad de expresión."
Matus publicó El libro negro de la justicia chilena, una investigación que trata de explicar por qué el Poder Judicial en Chile está considerado entre las instituciones de menor prestigio en ese país.

Miles de copias del libro fueron incautadas por considerar se que había injuriado a una alta autoridad pública, poniendo en riesgo la seguridad del estado.

"Mi caso no es el único, hay otros 25 periodistas a quienes se les ha aplicado la ley de seguridad del estado…y nos hemos acostumbrado a ello. Los periodistas se pasan la vida en los tribunales, firmando el patronato de reos, para garantizar que no se vayan del país".

Alejandra Matus permanece en calidad de rebelde, por lo tanto se le considera prófuga de la justicia. Tras haber cumplido un año de exilio en Miami, sigue siendo la primera periodista exiliada "en tiempos de democracia" en Chile.

Ella afirma que, desde la distancia, le impresiona la forma en que actuaron los tribunales de su país y la "cierta negligencia" de los sectores políticos chilenos ante su caso, más allá de algunas declaraciones de respaldo.
"No se hace nada para que cese este tipo de acusaciones contra periodistas", enfatizó.

Todavía no se deroga la normativa que permitió su exilio… el libro sigue prohibido…y ella bajo la amenaza de ser arrestada si regresa a su país.
Por su parte, Baruch Ivcher, el despojado propietario del Canal 2 de Lima, no puede evitar la amargura al cuestionar la democracia peruana "al estilo de Alberto Fujimori".

"Por una parte -afirma- llega acabando con la prensa libre, atemorizando a los periodistas o comprándolos, mientras por otra viaja con un grupo de relacionistas públicos vendiendo la imagen de demócrata y liberal"

El canal de Ivcher se caracterizó por presentar polémicas investigaciones que pusieron en entredicho a importantes sectores del gobierno de Fujimori. Entre otros casos, se develaron los vínculos entre el narcotráfico, el hombre fuerte del Servicio de Inteligencia Nacional y algunos militares.

A partir de entonces Ivcher y su familia han vivido cuatro años de persecusión y tres de exilio.
"El enemigo más grande de la corrupción y de la falsificasión es el periodismo independiente. El dictador tiene que acabar con la prensa libre. Nosotros descubrimos públicamente sus planes para hacerlo, el plan Bermuda (Ver muda- a la prensa). Fujimori pensó que yo era un plato fácil porque no soy nacido en el Perú", afirmó el periodista.
En 1997 el gobierno de Alberto Fujimori revocó la ciudadanía peruana de Ivcher y puso la televisora en manos de simpatizantes de su mandato.
Sin responder a las alegaciones de Ivcher, el gobierno peruano ha desconocido un fallo de la Corte Interamericana de Justicia de la OEA que lo insta a permitir el retorno de Ivcher.

ES PREFERIBLE QUE TE DEN UN TIRO
"Salí al exilio el 24 de febrero de 1999. Yo me inicié en el Partido por los Derechos Humanos, que llegué a presidir. En enero de 1998 fundamos la agencia Cuba Verdad, que siuge operando en La Habana", cuenta el periodista Lázaro González.
La política del gobierno cubano hacia los medios de divulgación masiva, establece al Partido Comunista como el único órgano rector de la libertad de expresión de manera que "cualquier cosa que escribas o que publiques, que no esté bajo la tutela del PC, es suversivo".
"Se han dado caso de detenciones por publicar la Declaración Universal de derechos Humanos", agregó González.
En Cuba, nos explica, si se escribe una crónica donde se dice algo que la prensa oficial se niega a reconocer, como la insufiencia para cumplir con la libreta de racionamiento y lo que el pueblo sufre con ello, eso es suversivo.
"Te persiguen y todos los mecanismos de control social caen sobre de ti", afirmó.
Hace un año, el gobierno cubano creó aprobó sanciones aún más severas contra el periodismo independiente.
Raúl Rivero, fundador y Editor de Cuba Press, señaló que las detenciones, la persecusión y la intimidación en contra de quienes ejercen el periodismo independiente continua empeorando, desde que la atención mundial se ha centrado en el caso del niño balsero, Elián González.
A Rivero, que vive como exiliado dentro de su propio país, debido a la marginalidad en que lo mantiene el régimen, tampoco se le ha permitido a viajar afuera de la isla, ni siquiera para ir a recibir el año pasado el prestigioso premio del periodismo norteamericano, María Moors Cabot.
Lázaro González dice que "en Colombia o en otros países matan a los periodistas en medio de la calle, pero en Cuba la represión es más brutal".
"Yo pasé por tres cárceles de Fidel, donde no existe atención médica, donde los presos viven hacinados en pequeños espacios… es preferible que de ten un tiro a caer ahí", afirmó.

VOLVER A EMPEZAR
¿Qué vas a hacer ahora? ¿Cuál es tu siguiente proyecto? Y qué es lo que sigue ? La respuesta suele ser al principio siempre la misma: no sé.
Francisco Santos continua escribiendo su columna para El Tiempo, mantiene el contacto con la redacción…
"Pero mi oficio como editor no lo puedo ejercer y eso me afecta…cuando uno sale es un golpe tan difícil. Es como tener un castillo sólido, construido en 20 años de profesión, con tu esposa, tus hijos, que de pronto se derrumba como un castillo de naipes", dice Santos con rabia y desaliento.
Lázaro González se exilió en Miami después de diez años de disidencia "cuando tu persecusión ya no da más y cuando tu y tu familia son poco menos que parias, en ese momento lo único que te queda es recurrir al programa para perseguidos políticos de la sección de intereses de Estados Unidos, que es el único que existe en Cuba".
Una vez en Miami, tuvo que trabajar tres meses en una fábrica de tejidos, antes de reanudar su trabajo periodístico en Cubanet. "Empezar nunca es fácil y el hecho de ser cubano en Miami representa la facilidad de que, con el plan de refugiados, te dan una ayuda para que te encamines, pero no significa que te van a sostener, tienes que propiciarte tu trabajo y abrirte paso en una sociedad diferente".
"Los cubanos -continuó - tenemos algo que les falta a otros pueblos, una capacidad de resistencia terrible".
Para Alejandra Matus, su comienzo en el exilio, también en Miami, sin visa de trabajo, sin posibilidad de que sus textos se publicaran en Chile, fue más que difícil.
Pero a pesar de que se le sigue negando la posibilidad de vivir en su país y el derecho de visitar a su familia, ella cree ver algunos signos de optimismo.
"El actual presidente de Chile, Ricardo Lagos, me llamó siendo candidato y eso significa que hay una cierta voluntad distinta del ejecutivo hacia el tema".
Baruch Ivcher mantiene siempre un tono fuerte, combativo, al referirse a su causa, pero cuando se refiere a lo que significó su salida del Perú, su voz se apaga un poco y recuerda lo difícil que fué, principlamente para su esposa y sus hijas que nacieron en Perú.
"De un día al otro les quitaron la casa, nos quitaron la paz hogareña. Mucha gente en la que confié creyendo que eran mis amigos, fueron los que más me persiguieron, quienes más abusaron de mí para quitarme Ia propiedad, para robarme o complacer al gobierno"
Conversamos con él por la vía telefónica desde Israel. Nos dice que está listo para viajar al Perú, quizás para la segunda vuelta en las elecciones presidenciales, aunque sea desafiando la orden de arresto que pesa en su contra por una larga lista de cargos.
"Es doloroso el desarraigo, pero en lugar de pensar en el sufrimiento, he vivido el momento. Nunca pensé en el pasado porque ahí se me hincha el hígado y nunca pensé en el futuro porque se me hincha el cerebro por querer planificar la venganza."

 









 

 

 


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