Cobertura
electoral: Cómo informar, servir y no aburrir
Por
Claudio Jacqueline*
Apenas
un día, cada dos o cuatro años, la política
asegura el poder captar la atención absoluta de los
lectores de diarios y permite a los medios y periodistas
tener la certeza de que aumentará la venta de ejemplares
y de que podrán dar un buen servicio público.
Ese es el día después de una elección,
especialmente si los comicios son para un cargo ejecutivo:
presidente, gobernador o alcalde. Apenas un día,
cada dos o cuatro años, según el país
o región, la cuestión institucional que define
o marca la vida de cada individuo acapara toda la atención.
Una de las preguntas más recurrentes que cualquier
editor o periodista suele hacerse es cómo lograr
que la cobertura de una campaña electoral resulte
atractiva, interesante, capte la atención del lector
y, además, preste un servicio a los ciudadanos para
decidir mejor su voto, disponiendo de más y mejor
información que la que puede obtener por otros medios.
Si partimos de la base de que las campañas suelen
ser largas, repetitivas, intensas, concienzudas y costosamente
planificadas por expertos de muy diversas disciplinas para
instalar un mensaje, potenciar las virtudes, disimular los
defectos de un candidato o un partido y tapar la voz y exacerbar
los defectos de sus competidores, se puede concluir que
su cobertura implica un enorme desafío, un match
cotidiano y complicado entre la información y la
propaganda, entre el tedio y la atracción, entre
el compromiso ciudadano y el espectáculo.
El desafío primario consiste en resolver cómo
vamos a cumplir con los tres cometidos básicos de
todo periódico frente a sus lectores: informar, servir
y entretener, porque de nada servirá a un medio brindar
la más completa información que permita conocer
las propuestas, el perfil, la historia, el entorno y las
acciones durante la campaña de un candidato, si los
lectores no se sienten atraídos por esa información
o, peor, aún si se aburren y se anestesian con ella
a medida que transcurren los días y las páginas.
En tal caso, las mejores intenciones empedrarán el
camino a la frustración cívica y al fracaso
editorial.
Advertidos de esa trampa, otra amenaza que se cierne sobre
la cobertura electoral es que si por encima de un escaso
rigor y profundidad informativa se les permite a los equipos
de campaña de los candidatos el imponer la agenda
de información de cada día, el medio simplemente
no estará haciendo periodismo. Al no mostrar rigor,
ni compromiso ético y cívico, caerá
en la ecuación: Información + Poder (que es
lo que poseen los candidatos) = Propaganda.
En medio de ambas situaciones queda una opción que
puede resultar ventajosa para vender ejemplares, pero muy
cuestionable en términos de responsabilidad social
de los medios, demeritoria para la democracia y riesgosa
a largo plazo para los propios medios y periodistas.
Nos referimos a una cobertura electoral altamente atractiva,
pero básicamente insustancial, basada en la espectacularización
de la campaña que consiste en centrar la cobertura
en escándalos, controversias, acusaciones y descalificaciones
de los candidatos, sin dar lugar a las propuestas, a la
reflexión y al análisis.
El proceso electoral se convierte en un show en el que todos
pierden: los actores (léase candidatos), el teatro
(la cuestión pública/la democracia), el público
que paga demasiado caro esa entrada y los medios que no
sólo corren el riesgo de dejar de ser confiables,
sino que suelen ser finalmente responsabilizados de todo
los males que resulten de una mala elección.
Frente a esas amenazas y trampas, existen algunas herramientas
(no soluciones ni recetas) para tratar de esquivarlas y
llegar a ese día glorioso del resultado electoral
con posibilidades de atraer más público que
el habitual o de vender más diarios que antes. Algunas
de esas herramientas, que todos conocemos y tenemos a mano
en nuestro taller de periodistas, pero que no siempre recordamos,
podrían resumirse en los siguientes puntos:
Planificar a largo plazo y someter esa
planificación a revisiones periódicas.
Desarrollar y estimular creatividad:
> Para variar y explorar todo los géneros periodísticos
(crónicas, reportajes, entrevistas, crónicas
de estilo deportivo, investigaciones) al escribir un texto
sobre la campaña
> para explotar la mayor cantidad de recursos en la presentación
de los temas (gráficos, fotografías, infografías
y literarios)
> para construir y reforzar la sinergía entre
distintas plataformas (papel y digital)
> para explorar asociaciones con otros medios u organizaciones
no gubernamentales con el objetivo de maximizar los recursos,
minimizar gastos y abordar con más amplitud y rigor
la campaña.
Identificación de los grandes temas
de interés para la gente y las instituciones (realización
de encuestas cualitativas y cuantitativas).
Asignar a los ciudadanos/lectores el papel de sujetos
y no de objetos de la información. Darles cabida
y lugar en el medio. Atraerlos con diferentes recursos para
que se sientan parte de la campaña y comprueben que
el medio les da respuesta a sus necesidades.
Equilibrar la voz de los candidatos con
la voz de los ciudadanos.
Diversificar las voces: a los candidatos
y a los ciudadanos comunes, sumarles las de los expertos
en diferentes disciplinas y de diferentes extracciones para
que expliquen y opinen sobre las propuestas de los candidatos.
Identificar las propuestas de los candidatos
y compararlas con su pasado.
Definir los grandes problemas que deberá
resolver el próximo gobierno y cotejarlos con las
propuestas de cada candidato.
Mostrar la campaña como una película
y no como fotos aisladas. Para ello, conviene hacer balances
periódicos de los actos y dichos de los candidatos,
cotejarlos y sacar patrones.
Más periodismo de hechos y menos
periodismo de declaraciones.
Estar atento al ciclo de atención de los
asuntos, definido por Anthony Downes, para saber
cuándo un tema deja de provocar interés y
preguntarse cómo presentarlo de otra manera para
eludir el tedio y el anestesiamiento de la audiencia y evitar
que sean los equipos de campaña de los candidatos
los que instalen nuevas problemáticas y marquen la
agenda de los medios de acuerdo con sus intereses.
Exponer a los candidatos a los ciudadanos y a sus
intereses, a sus preguntas, a sus inquietudes.
Darles herramientas a los lectores (como
con la presentación de un Trivia en la edición
online del periódico) para que puedan elegir mejor
a un candidato o saber qué candidato responde mejor
a sus demandas y convicciones
Sumar al equipo de cobertura de campaña electoral
a periodistas de diferentes secciones y pedir el
aporte de todos los miembros del staff del medio. Así
como las elecciones no son una cuestión sólo
de los políticos, la cobertura tampoco debe ser un
asunto exclusivo de los periodistas especializados en política:
cuantas más miradas, experiencias e intereses confluyan
para pensar y cubrir la campaña y las elecciones,
más amplio será el abanico de lectores al
que se llegará y se logrará interesar.
Last but no least, capacitar constantemente
a los periodistas para evitar ser presa de las estrategias
de los ingenieros electorales de los candidatos, para estar
atentos al interés de los lectores y para desarrollar
su creatividad.
(*)
Jacqueline es secretario de Redacción del diario
La Nación, de Buenos Aires.